Toditos se acuerdan del gitano, ni feo ni bello, y ni muy viejo, que
leía las manos en los ascensores, vestido con un smoking echo con
sacos de papas, su traje más bello, pantalones a la medida y un
cilindro de cartón color negro, un tipo muy simpático y con dos
bigotes a la Dali.
Terminó haciéndose rico, muy rico, y con los años se volvió sórdido.
Las cuecas y los boleros que había aprendido en Chile, los olvidó. Un
buen día dejó de vivir… No se le vio más… Y el pueblo siguió bailando
sus cuecas y boleros...