Pensaste que al dormir
oías aquella voz extraviada
entre sonido de mar y
hojas de árboles.
No había lirio en tu cama,
no había hilos
que envolvieran tu presente,
sólo esa voz, alimento de erráticas mañanas,
polen para hacer nacer este día con otro
esplendor,
racimo de arándano para tus viriles
impaciencias,
risa que resuena a través del desierto,
de este tiempo avaro de amor,
de estas ramas quebradas que nacen de mi
vientre,
de este caos de arcilla y metal que alimenta
mis palabras,
de estas horas nimias sin alondra ni reptil.
Sólo el roce de las hojas,
el rechinar del alero con el viento,
ese ruido metálico que insiste,
el áspero llamado al espejismo
con tu voz llega
el agitar de alas
de los pájaros,
se abre mi ventana
es tu voz en que me rindo,
ante ese sonido el corazón despliega,
un racimo de lirios.